Periodistas en la economía de la creación
Dos recientes noticias de nuestro sector, el periodismo, ilustran bien cómo se retribuye a sus profesionales. Sandro Pozzi, corresponsal en Nueva York veinte años, colaborador en La Sexta, Europa Press, El País y La Información, anunciaba su regreso cansado de esperar algo que no llega, en sus palabras, «un sueldo digno para vivir». También Guillermo Busutil, tras cuarenta años de trayectoria profesional, recibía el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Cuando el ministro de Cultura le llamaba para comunicárselo, le confesaba que a sus sesenta años ya no tenía contrato, ni visos de tenerlo. La gran paradoja es que mientras el público reclama más y mejor información que nunca, los periodistas vivimos la mayor crisis en siglos.
Con las herramientas tecnológicas y canales a nuestra disposición, se puede vivir mejor que en la redacción de un periódico, televisión o radio. Tenemos que convertirnos en Ibai Llanos.
El motivo es una transformación radical de la profesión que culminó hace diez años. Al aparecer internet, el papel de los mass media ha ido reduciéndose, ocupada parte de su labor por redes sociales, plataformas y canales alternativos. Los tradicionales han tardado demasiado en digerir el cambio, y ese retraso les ha hecho perder su papel hegemónico. Los periódicos de nuestro país son un excelente ejemplo. En la crisis de 2008 comenzaron a despedir a la mayoría de sus veteranos, hoy autónomos o jubilados, y sustituidos por plantillas jóvenes de mileuristas. Apegados al modelo tradicional de ingresos por publicidad o venta de ejemplares, fueron incapaces de crear un modelo empresarial con beneficios suficientes para mantener su negocio. Por fin, en la pandemia, decidieron implantar el modelo de suscripción que llevaba décadas desarrollándose en la prensa extranjera. Demasiado lento y demasiado tarde. El talento ya ha comenzado a emigrar hacia la economía de la creación.
Aunque este sea el peor momento económico para ejercer el periodismo, es cuando se nos ofrecen más facilidades para ejercerlo. Con las herramientas tecnológicas y canales a nuestra disposición, y adquiriendo las capacitaciones necesarias, se puede vivir mejor que en la redacción de un periódico, televisión o radio. O al menos en la misma precariedad, pero con más control sobre tu desarrollo y mayores oportunidades para tu futuro. Además de como informadores independientes, se puede ejercer en el mercado del infoentretenimiento, el marketing y la publicidad, o como influencers.
Ahora bien, debemos estar dispuestos a admitir que el respeto que nos ganaríamos en un medio clásico podemos adquirirlo ejerciendo en Twitch, TikTok, Twitter, o Substack. Y también que competimos con HBO, Netflix, Youtube o Facebook, porque hasta la información más rigurosa, la política o económica, es entretenimiento y compite con el resto de entretenimiento. Como el WhatsApp. Tenemos que convertirnos en Ibai Llanos.
Le cito a él porque los veteranos del periodismo deportivo se rasgaron las vestiduras cuando grandes estrellas del fútbol eligieron pasar un par de horas con Ibai en lugar de dedicar treinta minutos de entrevista a un informador veterano. La dinámica no paró ahí, una vez celebró sus encuentros en su canal de Twitch, se dedicaron a analizarle, subrayando sus errores. Pataletas de abuelo incapaz de reciclarse. LaLiga le ha contratado para acercar el fútbol a las nuevas generaciones porque el periodismo clásico no lo consigue. Y si no lo consigue, ese deporte irá decayendo con la misma deriva que se ha visto en los toros.
Periodista y escritor
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